Quien sabe cómo fue, no lo recuerdo y para ser sincera, ni me interesa. Sólo sé que en quinto de primaria la mamá de mi novio, -que iba en sexto, sí siempre me han gustado más los grandes- fue a darnos una clase de educación sexual… cristiana.
Ahí estaban: un hombre y una mujer, llenos de caras querubinas, cuerpos regordetes, sonrisa de ángel y dándose besitos de piquito en una cama. Ese día supe que el pene se erectaba y que la mujer lo recibía. ¡Ah jijo! Pensé… “No así yo no juego”.
Luego, en secundaria, mi mejor amiga, se iba a ver películas porno a casa de su nueva compañera de banca. (Yo iba a otra escuela pública lejos, lejos) y me contaba todo lo que veía. Dos o tres veces me tocó ver cómo, al comer salchicha ella vomitaba. Ja ja ja.
Me daba un poco de pena no saber, así que algunas veces fui a ver películas con ellas pero, siempre pensé: “Ah, no, yo quiero acción”. Y realmente quería acción, no quería que me contarán, quería saber. Sin embargo, en secundaria estaba cañón encontrar a alguien, realmente estaba cañón. Me miraban raro.
Me hice “novia” de un pelafustán de de 19 años, yo tendría 13, fuimos a un parque y me acarició los senos. No sentí nada. Después, tuve otro novio de 16, a él fue al que le mentí y le fingí la respiración agitada. Estaba decepcionada.
En preparatoria, después de varios intentos fallidos, me hice novia del mejor amigo que ha tenido mi clítoris. Hicimos de todo, menos penetración. He de pecar de habladora pero, de verdad que hacíamos de todo y yo seguía virgen. Me lamentaba su formación católica porque miren que yo le rogaba. Cuando cumplió 18 años, le quise regalar mi v virginidad pero él, era medio bruto esa es la verdad. Hizo como que entraba pero no entraba y siendo honesta, me dolieron mucho sus intentos, era un sope.
Hoy amanecimos con mucho frío, no quería levantarme, me acurruqué a él, nos abrazamos por un largo rato echándonos la pelotita para ver quien se levantaba primero mientras nuestras manos se hundían en nuestros cuerpos. Mi hija se nos encimó a los dos, nos apartamos para que ella se metiera entre nosotros. Nos levantamos tarde, desayunamos rápido y le dijimos que si llegaba tarde ella firmaba el retardo. Nos mandó a volar. Tenía razón.
Me cuesta trabajo aceptar que es bien difícil tener una vida sexual plena cuando hay una gorda de 5 años. Me siento como al inicio, pidiendo más, queriendo sentir más, sólo que esta vez el tiempo es quien no nos deja. Maldito sistema.
viernes, 6 de noviembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
Regresando con quejas
Siempre he leído a destiempo. Por ejemplo, he comenzado a leer cuentos infantiles ahora que mi hija me lo pide, de niña nunca lo hice. La decepción de que la fantasía era solo fantasía me hizo temerle durante muchos años. Ya por medio de Sabina, les comenté que me he reconciliado con ese género gracias a Guillermo del Toro y por supuesto a mi hija.
El primer libro que leí fue “Los Hijos de Sánchez” después me encontré con Milán Kundera y éste me llevo a leer a Sartre, Camus y Simone de Beavouir. Me costó trabajo entrarle a la literatura latinoamericana, especialmente cuando me hacían leer a Juan Sánchez Andraka y a Carlos Cuauhtémoc Sánchez (bendita escuela pública) luego ya me hice fan de Rulfo (aunque Jaud le huya) García Márquez, Borges, Cortázar, Ibargüengoitia, etc.
Antes de entrar a la universidad, encontré a Rius, y estaba tan atrasada en noticias que creí en el comunismo, en el socialismo y en la revolución cubana contemporánea. Claro que usé al Che Guevara en mis playeras, pensé que Marx era el único dogma válido y que la religión era el opio. Afortunadamente ingresé a la universidad y con ello, a la vida adulta. Entonces, la vida dejó de ser de color de rosa, y los dogmas fueron dogmas, como todos.
Estos días he estado atenta a las famosas decisiones del legislativo, del paquete fiscal, de la elección del Ombudsman, de los bebés vendidos, de los delincuentes zzz, de las autoridades haciendo teatros, de los funcionarios muertos, de los periodistas que mueren ante la indiferencia, de las rabietas, de las desesperanzas, etc. Me he sentido deprimida, a pesar de que todos los días me digo a mí misma que cuando más oscuro está es porque ya va a amanecer (sí, mis consejos de auto-superación personal instantáneos) y cierro la boca, abro los ojos y respiro profundo. Entonces, volteo a la literatura y me doy cuenta que es como que casi, casi lo mismo.
Leo por todos lados verdades absolutas, masturbaciones mentales, aspiraciones a genialidades fallidas, alabanzas a los que tienen poder literario, poco análisis, etc. Leo gente que dice que trabaja desde su trinchera, a quienes ningunean a quienes no son apadrinados por gente famosa, y de esfuerzos monumentales que activan a grupos que me parece están atomizados pero que poco a poco avanzan.
Sin embargo casi no leo-escucho de una intención por unir fuerzas, por dejar de pertenecer a un bando y de hacerle frente a una cultura que nos necesita a todas y todos. ¿Lograremos alguna vez dejar nuestros egos a un lado, y pensar en el bien común, o eso es cosa del pasado, como cuando se creía en un comunismo político y económico? ¿Acaso es que en realidad no he dejado de ser dogmática y sigo creyendo en las utopías? Leo a destiempo, pero leo, creo a tiempo, pero me estoy cansando.
El primer libro que leí fue “Los Hijos de Sánchez” después me encontré con Milán Kundera y éste me llevo a leer a Sartre, Camus y Simone de Beavouir. Me costó trabajo entrarle a la literatura latinoamericana, especialmente cuando me hacían leer a Juan Sánchez Andraka y a Carlos Cuauhtémoc Sánchez (bendita escuela pública) luego ya me hice fan de Rulfo (aunque Jaud le huya) García Márquez, Borges, Cortázar, Ibargüengoitia, etc.
Antes de entrar a la universidad, encontré a Rius, y estaba tan atrasada en noticias que creí en el comunismo, en el socialismo y en la revolución cubana contemporánea. Claro que usé al Che Guevara en mis playeras, pensé que Marx era el único dogma válido y que la religión era el opio. Afortunadamente ingresé a la universidad y con ello, a la vida adulta. Entonces, la vida dejó de ser de color de rosa, y los dogmas fueron dogmas, como todos.
Estos días he estado atenta a las famosas decisiones del legislativo, del paquete fiscal, de la elección del Ombudsman, de los bebés vendidos, de los delincuentes zzz, de las autoridades haciendo teatros, de los funcionarios muertos, de los periodistas que mueren ante la indiferencia, de las rabietas, de las desesperanzas, etc. Me he sentido deprimida, a pesar de que todos los días me digo a mí misma que cuando más oscuro está es porque ya va a amanecer (sí, mis consejos de auto-superación personal instantáneos) y cierro la boca, abro los ojos y respiro profundo. Entonces, volteo a la literatura y me doy cuenta que es como que casi, casi lo mismo.
Leo por todos lados verdades absolutas, masturbaciones mentales, aspiraciones a genialidades fallidas, alabanzas a los que tienen poder literario, poco análisis, etc. Leo gente que dice que trabaja desde su trinchera, a quienes ningunean a quienes no son apadrinados por gente famosa, y de esfuerzos monumentales que activan a grupos que me parece están atomizados pero que poco a poco avanzan.
Sin embargo casi no leo-escucho de una intención por unir fuerzas, por dejar de pertenecer a un bando y de hacerle frente a una cultura que nos necesita a todas y todos. ¿Lograremos alguna vez dejar nuestros egos a un lado, y pensar en el bien común, o eso es cosa del pasado, como cuando se creía en un comunismo político y económico? ¿Acaso es que en realidad no he dejado de ser dogmática y sigo creyendo en las utopías? Leo a destiempo, pero leo, creo a tiempo, pero me estoy cansando.
miércoles, 28 de octubre de 2009
El cuadro de Sabina
Soy la mancha azul
del cuadro que pintó Sabina
aquella que está detrás
del mundo contruído.
Soy la grieta seca
el pincel roto
el lienzo olvidado
la idea vacía.
Soy la pincelada a medias
testiga de siluetas ardientes
mentiras citadinas
verdades de la cama conyugal.
Soy el agua que diluye el color
el trapo que limpia sus manos
la música que no se vuelve arte
la fatiga cotidiana.
Quizá Kundera no lo sabe
tal vez yo no lo sepa
soy la mancha azul
que arruinó el cuadro de Sabina.
del cuadro que pintó Sabina
aquella que está detrás
del mundo contruído.
Soy la grieta seca
el pincel roto
el lienzo olvidado
la idea vacía.
Soy la pincelada a medias
testiga de siluetas ardientes
mentiras citadinas
verdades de la cama conyugal.
Soy el agua que diluye el color
el trapo que limpia sus manos
la música que no se vuelve arte
la fatiga cotidiana.
Quizá Kundera no lo sabe
tal vez yo no lo sepa
soy la mancha azul
que arruinó el cuadro de Sabina.
sábado, 17 de octubre de 2009
Give peace a chance
Ya no creo en la paz, es un concepto tan efímero y utópico que podría causarnos risa. Tampoco creo en la democracia, aunque me aferre a ella entre libros y libros. Sólo creo en mí, y en la necesidad de creer en algo para poder vivir.
Porque la paz es un imposible, he salido a buscarla, con el miedo de encontrarla y ser feliz. Y con la certeza de que no la encontraré y será mi camino, el largo sinuoso camino de la mentira, la aberración y la humanidad.
Porque la paz es un imposible, he salido a buscarla, con el miedo de encontrarla y ser feliz. Y con la certeza de que no la encontraré y será mi camino, el largo sinuoso camino de la mentira, la aberración y la humanidad.
Quizá es la edad
A veces soy más tanática que erótica, quizá es la edad.
Ya no duermo después de la una, más que cuando es estrictamente necesario y no me despierto después de las siete de la mañana, porque hay que llevar a mi hija a la escuela. Ya no como porquerías, busco comida orgánica y sana, pienso en los males del futuro. Tampoco bebo mucho, porque después de todo, me hace un poco de daño.
A veces, cuando menos me doy cuenta, suelo ser más aprehensiva con los semáforos, los cruces, los puentes peatonales, los refrescos, los helados… hace tanto que no como uno que no sea de yogurt. Pocas veces aviento la ropa, tiro las cosas y dejo que la casa sea un asco, pienso en las hormigas, y en que mi perra se va a querer meter todo a su hocico.
Ya no doy consejos, me parecen absurdos, mucho menos doy regaños, uso más bien la retórica. Escucho con paciencia, más bien por que busco material literario, y me quedo callada aunque tenga opinión. ¿Para qué la doy? De todos modos hacen lo que quieren.
Pero, muchas otras veces, especialmente cuando mi hija está en la escuela, tiro cosas, aviento improperios, reclamo actitudes y vocifero crueldades. Otras tantas, azoto puertas, aviento trastes, lanzo las manos al aire y rompo la comunicación con autoritarismo. Termino llorando y luego, atraganto mi dolor en una sarta de sentimientos egoístas, actitudes orgullosas y soberbias y me acomodo la ropa, me quito el cabello de la cara y vuelvo a la normalidad: el sol sigue iluminando las ventanas, el viento sigue siendo brisa que choca con paredes, y él, sigue siendo el mismo.
Entonces, me agobia la rutina, me hartan los instantes y le beso, le acaricio y le pido que me penetre todo: las tristezas, los enojos, los desacuerdos, los planes futuros… que me haga sentir viva y que mi vida vale la pena. Entonces, mi erotismo se hace presente, para después morir en una muerte chiquita que me atrae como el vértigo. Instantes de placer, solo instantes.
Después, soy más tanática que erótica y suelo ir por mi hija a la escuela.
Ya no duermo después de la una, más que cuando es estrictamente necesario y no me despierto después de las siete de la mañana, porque hay que llevar a mi hija a la escuela. Ya no como porquerías, busco comida orgánica y sana, pienso en los males del futuro. Tampoco bebo mucho, porque después de todo, me hace un poco de daño.
A veces, cuando menos me doy cuenta, suelo ser más aprehensiva con los semáforos, los cruces, los puentes peatonales, los refrescos, los helados… hace tanto que no como uno que no sea de yogurt. Pocas veces aviento la ropa, tiro las cosas y dejo que la casa sea un asco, pienso en las hormigas, y en que mi perra se va a querer meter todo a su hocico.
Ya no doy consejos, me parecen absurdos, mucho menos doy regaños, uso más bien la retórica. Escucho con paciencia, más bien por que busco material literario, y me quedo callada aunque tenga opinión. ¿Para qué la doy? De todos modos hacen lo que quieren.
Pero, muchas otras veces, especialmente cuando mi hija está en la escuela, tiro cosas, aviento improperios, reclamo actitudes y vocifero crueldades. Otras tantas, azoto puertas, aviento trastes, lanzo las manos al aire y rompo la comunicación con autoritarismo. Termino llorando y luego, atraganto mi dolor en una sarta de sentimientos egoístas, actitudes orgullosas y soberbias y me acomodo la ropa, me quito el cabello de la cara y vuelvo a la normalidad: el sol sigue iluminando las ventanas, el viento sigue siendo brisa que choca con paredes, y él, sigue siendo el mismo.
Entonces, me agobia la rutina, me hartan los instantes y le beso, le acaricio y le pido que me penetre todo: las tristezas, los enojos, los desacuerdos, los planes futuros… que me haga sentir viva y que mi vida vale la pena. Entonces, mi erotismo se hace presente, para después morir en una muerte chiquita que me atrae como el vértigo. Instantes de placer, solo instantes.
Después, soy más tanática que erótica y suelo ir por mi hija a la escuela.
jueves, 15 de octubre de 2009
Adiós a Sabina
Todo comenzó como una broma: Estábamos José y yo sentados frente a frente hablando de nuestras vidas. Una práctica común, aunque llevamos meses postergando un nuevo encuentro. Tomábamos café, aunque el café me altera el sistema nervioso.
No recuerdo si era el Café de Arriba, o si era el café de siempre, pero no se llamaba de Arriba, o si era otro café. Quién sabe. Me dijo en aquella ocasión que se estaba haciendo bloguero, y no me quise quedar atrás.
Sin embargo, no quería hablar de mí… ¿Qué iba a decir? Nada que no tuviera que ver con mis traumas sociales, mis fobias, mis impotencias y mis deseos. Desistí por algunas horas, hasta que las ganas de escribir un blog me ganaron. José fue mi primer lector oficial, después, tuve unas semanas en las que mi correo se llenó de insultos y propuestas indecorosas, creo que algunos pensaban que era una HOT ONLINE o algo así.
Subí una imagen, -mi favorita- La Condición Humana de Magritte y comencé a verter toda la serie de sandeces bajo el seudónimo de Sabina Franz, nombres de mis dos personajes favoritos de la literatura. (Siempre quise ser Sabina, inclusive pensé en ponerle así a mi hija).
Pasé más de un año inventando historias, anécdotas y vomitando pensamientos que se me escapaban de la realidad. Conocí, bueno, es un decir, a muchas personas que nutrieron mi vida todo ese tiempo. Algunos me pidieron conocerme, me hice pato, querían conocer a Sabina, no a mí.
Cuando me mudé a Puebla, pensé que era hora de decirle adiós a ese blog, mi tiempo se llenó abruptamente de cosas y más cosas que hacer. El tiempo se me hacia chiquititito. Pero no fue sino hasta hace unas semanas que Sabina pidió desaparecer. Estaba cansada.
No sé si fue la serie de cosas en las que me estaba metiendo con tantas personas que confiaban en ella, o simple aburrimiento. No lo sé. Ayer, al tratar de dormir, pensé en ella, y en las inmensas ganas de comenzar a ser yo.
Le dije adiós, a pesar de las satisfacciones que me dio. (Ejem… ) Y sentí pena; pero siempre hay que saber decir adiós hasta a las cosas buenas, porque nada es para siempre, y nuevos ciclos llegan.
Así es la vida, así soy yo.
No recuerdo si era el Café de Arriba, o si era el café de siempre, pero no se llamaba de Arriba, o si era otro café. Quién sabe. Me dijo en aquella ocasión que se estaba haciendo bloguero, y no me quise quedar atrás.
Sin embargo, no quería hablar de mí… ¿Qué iba a decir? Nada que no tuviera que ver con mis traumas sociales, mis fobias, mis impotencias y mis deseos. Desistí por algunas horas, hasta que las ganas de escribir un blog me ganaron. José fue mi primer lector oficial, después, tuve unas semanas en las que mi correo se llenó de insultos y propuestas indecorosas, creo que algunos pensaban que era una HOT ONLINE o algo así.
Subí una imagen, -mi favorita- La Condición Humana de Magritte y comencé a verter toda la serie de sandeces bajo el seudónimo de Sabina Franz, nombres de mis dos personajes favoritos de la literatura. (Siempre quise ser Sabina, inclusive pensé en ponerle así a mi hija).
Pasé más de un año inventando historias, anécdotas y vomitando pensamientos que se me escapaban de la realidad. Conocí, bueno, es un decir, a muchas personas que nutrieron mi vida todo ese tiempo. Algunos me pidieron conocerme, me hice pato, querían conocer a Sabina, no a mí.
Cuando me mudé a Puebla, pensé que era hora de decirle adiós a ese blog, mi tiempo se llenó abruptamente de cosas y más cosas que hacer. El tiempo se me hacia chiquititito. Pero no fue sino hasta hace unas semanas que Sabina pidió desaparecer. Estaba cansada.
No sé si fue la serie de cosas en las que me estaba metiendo con tantas personas que confiaban en ella, o simple aburrimiento. No lo sé. Ayer, al tratar de dormir, pensé en ella, y en las inmensas ganas de comenzar a ser yo.
Le dije adiós, a pesar de las satisfacciones que me dio. (Ejem… ) Y sentí pena; pero siempre hay que saber decir adiós hasta a las cosas buenas, porque nada es para siempre, y nuevos ciclos llegan.
Así es la vida, así soy yo.
La poesía entre las piernas y el estómago.
En tercero de secundaria llené tres cuadernos con poesía barata, de esa que parece más letra de música pop que una declaración de amor o una oda a la vida. Estaba enamorada, él era el niño más guapo del universo. Fuimos novios, después me dejó por una niña menos melosa. Entonces, rompí todos aquellos versos de rima constante y poca lucidez. Me alejé de la poesía con vehemencia.
Con el paso del tiempo, me negué con verdadera necedad a leer libros de poemas. Criticaba el romanticismo y creía fielmente en Calamaro cuando cantaba: “No se puede vivir del amor… ¿Por qué cantamos canciones de amor? Si suena mal y nunca tienen razón”. Creo que era “emo” a pesar de que ese término no estaba popularizado y aclararía que más bien “ema” porque me gusta el lenguaje en femenino.
Nunca fui seguidora de Jaime Sabines, a pesar de que me gustaba leerlo cuando me lo dejaban de tarea en la prepa, preferí a Mario Benedetti y me apropié de su obra. Mis novios consecuentes no tenían que chutarse poemas baratos, en cambio, todos contaron conmigo, se supieron queridos y entendieron lo que era un corazón con coraza.
Como buena malinchista me leí a Emily Dickinson, T.S.Elliot y por cultura general a Octavio Paz y a Pablo Neruda, después me fui con Sor Juana y sus hombres necios. La amé, y lamenté haber nacido con tantos años de distancia. Me hubiera gustado conocerla. Un leve pensamiento me hizo creer que podría ser monja y seguir su camino. Desistí a tiempo.
De a poco la poesía se me vuelve cercana, aunque no sepa leerla con el tono adecuado. Me eleva las sensaciones y las convierte en palabras, unas veces bien, otras veces mal, muchas veces de la patada. Soy aprendiz. Sin embargo, he encontrado en la poesía un cauce a mis pulsiones: al odio hacia mi madre cuando me hace ver que todos somos humanos, el amor a mi hija, el deseo a Omar, y la ira de vivir en un mundo tan raro. Un mundo tan poético y tan asqueroso al mismo tiempo. Y entonces, escribo y las palabras se me vierten de los dedos y se convierten en ideas y las ideas en voces y las voces en alivios, los alivios en descanso.
Busco crear una poesía que exprese lo que soy: una bola de deseos carnales, de odios y amores, de dolores y placeres. Busco encontrar la poesía en mí, aunque al paso que voy, la poesía me encuentra, me seduce y me invita a violarla. Quiero violarla, hacerla mía y no dejarla ir.
Con el paso del tiempo, me negué con verdadera necedad a leer libros de poemas. Criticaba el romanticismo y creía fielmente en Calamaro cuando cantaba: “No se puede vivir del amor… ¿Por qué cantamos canciones de amor? Si suena mal y nunca tienen razón”. Creo que era “emo” a pesar de que ese término no estaba popularizado y aclararía que más bien “ema” porque me gusta el lenguaje en femenino.
Nunca fui seguidora de Jaime Sabines, a pesar de que me gustaba leerlo cuando me lo dejaban de tarea en la prepa, preferí a Mario Benedetti y me apropié de su obra. Mis novios consecuentes no tenían que chutarse poemas baratos, en cambio, todos contaron conmigo, se supieron queridos y entendieron lo que era un corazón con coraza.
Como buena malinchista me leí a Emily Dickinson, T.S.Elliot y por cultura general a Octavio Paz y a Pablo Neruda, después me fui con Sor Juana y sus hombres necios. La amé, y lamenté haber nacido con tantos años de distancia. Me hubiera gustado conocerla. Un leve pensamiento me hizo creer que podría ser monja y seguir su camino. Desistí a tiempo.
De a poco la poesía se me vuelve cercana, aunque no sepa leerla con el tono adecuado. Me eleva las sensaciones y las convierte en palabras, unas veces bien, otras veces mal, muchas veces de la patada. Soy aprendiz. Sin embargo, he encontrado en la poesía un cauce a mis pulsiones: al odio hacia mi madre cuando me hace ver que todos somos humanos, el amor a mi hija, el deseo a Omar, y la ira de vivir en un mundo tan raro. Un mundo tan poético y tan asqueroso al mismo tiempo. Y entonces, escribo y las palabras se me vierten de los dedos y se convierten en ideas y las ideas en voces y las voces en alivios, los alivios en descanso.
Busco crear una poesía que exprese lo que soy: una bola de deseos carnales, de odios y amores, de dolores y placeres. Busco encontrar la poesía en mí, aunque al paso que voy, la poesía me encuentra, me seduce y me invita a violarla. Quiero violarla, hacerla mía y no dejarla ir.
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